La infraestructura energética vuelve a ocupar un lugar central en la agenda patagónica. En Río Negro comenzaron los primeros movimientos de caños destinados al proyecto San Matías Pipeline, una obra vinculada al crecimiento de Vaca Muerta y a la expansión de las exportaciones de gas.
Los materiales son trasladados desde el puerto de San Antonio Este hacia distintos puntos de acopio ubicados a lo largo de la futura traza. Se trata de una señal concreta de avance para una iniciativa que busca conectar la producción neuquina con instalaciones destinadas a la licuefacción de gas natural.
El proyecto contempla un gasoducto de aproximadamente 480 kilómetros, con un diámetro de 36 pulgadas y una capacidad prevista de transporte de hasta 27 millones de metros cúbicos diarios.
La obra fue incorporada al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones y forma parte de una estrategia que apunta a darle a la producción de Vaca Muerta una salida hacia los mercados internacionales.
Para Río Negro, además, el movimiento de estos materiales tiene una lectura propia: la costa comienza a adquirir un papel cada vez más importante dentro del mapa energético argentino.
Todavía falta camino por recorrer, pero cuando los primeros caños empiezan a moverse, una obra deja de ser solamente un proyecto escrito en un expediente y empieza a hacerse visible sobre el territorio.
